BUENOS AIRES

Posted on 02/08/2010

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Rastros.- El rastro de Buenos Aires es la Feria de San Telmo, con cerca de cuarenta años de antiguedad, que tiene lugar todos los domingos de 8 a 20 horas. Es un rastro que crece con el tiempo y se desborda. Antes ocupaba la plaza Dorrego y cinco cuadras (manzanas), pero ahora ya se extiende por 13 cuadras, hasta la avenida Belgrano. Aparecen, como en el Rastro madrileño, vendedores no profesionales (manteros) que colocan su puesto por las calles del barrio. Los puestos “legales” están por Defensa, desde Cochabamba hasta Independencia. El resto son ilegales, que llegan hasta la Plaza de Mayo. Desde la noche del sábado, los vendedores marcan los lugares que ocuparán durante el día. En la Feria de San Telmo hay de todo: antigüedades, artesanía, ropa, zapatos, etc. Y libros.

Otro de los mercados imprescindibles en Buenos Aires es el del Parque Rivadavia, que se instala en la avenida Rivadavia y Doblas, en la zona de Caballito. Se trata de un mercadillo también de libros antiguos, monedas, sellos, discos usados, etc. Se celebra los domingos (9 – 19 horas). Pero también puedes ir durante el resto de la semana, aunque sólo encontrarás algunos puestos abiertos.

En la Plaza Lavalle. frente a Tribunales, hay una feria de libros. Es en la manzana sur, limitada por las calles Lavalle y Tucumán, donde se encuentran puestos de libros parecidos a los dispuestos a los largo del Río Sena en Paris. En principio eran librerías de viejo de temas jurídicos.

Otros rastros o mercadillos en Buenos Aires que hay que visitar. El de la Feria de Mataderos, un mercadillo tradicional bonaerense. Está en el antiguo matadero, en la avenida Lisandro de la Torre y De los Corrales. Se celebra domingos y festivos (11-18 h). Hay que ir también a la Feria Artesanal del Paseo de La Costa, que está situada en la zona de Vicente López, en Vergara y el Rio. Está muy cerca del Mar del Plata, por lo que es un lugar ideal para pasar un sábado o un domingo por la mañana. Sin olvidar la Feria de Vuelta de Rocha, en Caminito, una calle llena de encantos, con casas de vivos colores. Allí hay artesania y objetos variados. Esta feria se celebra sábados, domingos y festivos.

Arriba, el rastro de Buenos Aires: Feria de San Telmo en la Plaza Dorrego (Esquina de Defensa y Humberto Primo).

Puestos de libros en la Plaza Lavalle.

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Librerías

Hay muchas librerías de viejo en Buenos Aires, diseminadas por las calles céntricas y determinados barrios. Encontraremos librerías de viejo, usados y de saldo, en San Telmo, la Avenida de Mayo, Corrientes, en calles cercanas, como Ayacucho, o en barrios más alejados del centro, como Colegiales. De un año a otro se producen cambios. Abajo he puesto dos enlaces: el primero con una visión rápida de librerías por Buenos Aires y el otro, con el listado que proporciona la Asociación de Libreros.

Guía de librerías de viejo en Buenos Aires

Libreros anticuarios de Argentina

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Leer:

– “Por librerías de Buenos Aires”, post en el blog El Bibliómano. Incluye un enlace con direcciones de librerías de viejo comentadas. Aunque es del 2006, sirven la mayoría de datos.

– “Buenos Aires Is The City For Book Lovers”. Un pequeño artículo en Planeteye Traveler.

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“Uno de los recorridos que se propone tiene como punto de partida la Plaza San Martín, en el barrio de Retiro…

Listos para la partida, se recomienda comenzar la caminata a través de la calle Florida, la primer peatonal de Buenos Aires, y una de las arterias más tradicionales por sus comercios de artículos de cuero, grandes tiendas, renombradas joyerías y distinguidas confiterías. Florida muere en la Plaza San Martín y es aquí en donde se abre en forma de abanico en la Plazoleta “Juvenilia”. Este tramo es el más elegante de la peatonal; unos metros más allá de la plazoleta, la “Galería del Este” invita a los curiosos a caminarla. A los que no lo sean, se recomienda su ingreso para apreciar la sofisticación de sus locales. Allí hay casas de venta de artesanías hechas en rodocrosita –piedra rosada de gran valor nacional, extraída de las minas de Catamarca-, locales en donde se venden piezas antiguas y al final de la Galería, en el local 4 se podrá apreciar objetos de arte popular de América del Sur, que vale la pena visitar.

Al volver a Florida, continuar hasta llegar a la esquina de Paraguay; allí se encuentra uno de los bares más frecuentados de la city porteña:”Florida Garden”. Seguir hasta Florida 835 en donde haremos la primer parada obligatoria, en la “Galería Buenos Aires”. En esta galería subterránea, el visitante comprobará que su actividad está íntimamente relacionada con las librerías anticuarias. La librería “Helena de Buenos Aires”, en el local 32, es una de las tantas que se descubre a nuestro paso. Su especialidad: el gaucho argentino…” (continúa)

(Leer completo en “Las librerías anticuarias. Buenos Aires”. Silvia V. Sarkissian. San Pablo)

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“BUENOS AIRES.- Cuesta mucho trabajo elegir a un librero en Buenos Aires. Me entusiasma la decena de librerías de la galería Buenos Aires, en Florida, y he pasado horas con Washington Pereyra en su Fundación Bartolomé Hidalgo, de donde procede mi ejemplar de Un coup de dés jamais n’abolira le hasard (1914), de Stéphane Mallarmé, el mismo que, según me dijo, había sido propiedad de Ricardo Molinari. Me gusta también el espacio de Imago Mundi; espero mucho de alguien más joven como es Diran Sinamian (Poema 20); me parece igualmente interesante la oferta -tan Barrio Norte- de El Incunable, y encuentro alucinante un lugar como El Rufián Melancólico, que está en San Telmo, al lado de donde se celebra el Rastro dominical. Al final, como me sucederá también en París, el puesto número uno lo reparto entre Víctor Aizenman y Alfredo -y Gustavo- Breitfeld. Aizenman es uno de los libreros más exquisitos del mundo, al que hay que acudir si se buscan manuscritos y primeras ediciones de Borges o de cualquier otro martinfierrista argentino, princeps de Alfred Jarry, plaquettes surrealistas francesas, libros de Henri Michaux o de su amigo Pierre Bettencourt. Los Breitfeld, padre e hijo, los únicos argentinos que participan en el Salón del Libro del madrileño Hotel Miguel Ángel, regentan la Librería de Antaño, un lugar auténticamente mágico, en aparente desorden, donde atesoran maravillas en los más variados campos, desde la historia de Latinoamérica hasta las vanguardias, pasando por los viajeros, Rubén Darío, la música, la fotografía o la correspondencia, y donde se han desguazado grandes bibliotecas, por ejemplo la del poeta y traductor Lysandro Z. D. Galtier.” (Mis librerías de viejo. Juan M. Bonet. Room 3. Bellver)

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